lunes, 9 de febrero de 2015

TRÁNSITO


Observe el lector el silencio entre las notas. La elevación de la mente al compás de la música. El minucioso detalle del golpear de los dedos sobre las teclas. El ensimismamiento y canturreo del interprete con el instrumento; queriendo ser y consiguiendo ser una misma cosa. Cuerdas, teclas, pedales, manos, piano...mente. Solo el amor por las cosas, la entrega, el abandono del yo por lo amado es capaz de conseguir la ternura y belleza que se desprenden de la interpretación de Gould. Así es como uno hace suyo el arte de otros y lo convierte, a su vez, en arte. De ese modo tan poco perverso, con esa sublime sencillez que desvela la armonía nos enamoramos de aquello que es objeto de nuestro deseo y amor. Pero ¡cuidado!, no seamos ingenuos y nos dejemos llevar por la emoción y el sentimiento simple. Detrás de esa dulzura y exquisitez tan cercanas y amables hay una mente capaz de elaborar y bregar con las más terribles dificultades, que ha dedicado una enorme cantidad de tiempo para conseguir elevarse por encima de la media. Gould, jugando con la seriedad y concentración de un niño sobre su caja de juguetes, nos hace sentir mejores personas. Y lo hace con humildad, sin afectación. Disfrutando con el juguete robado de la partitura de Bach que, como por arte de magia, ya no es de Johann, sino de todos, aunque solo uno sabe como jugar con él de verdad, para admiración y deleite del resto.


jueves, 5 de febrero de 2015

EL TRIUNFO DE LOS MEDIOCRES

Me ha bastado un vistazo a los titulares de la prensa de hoy para llegar a la conclusión del título del post. Vivimos un tiempo de mediocres que se afanan en mantenerse en el poder a cualquier precio, y no es un precio rebajado. En los consejos de administración se elucubran planes oscuros tras preguntarse que pasará si los que tanto les han favorecido pierden el poder; el mismo poder que tan bien les ha venido durante los últimos treinta años. Y no hablo solo de España, aquí palmamos todos, desde el estrecho de Gibraltar hasta el cabo Norte. La Unión Europea es un nido de corruptos y paraísos fiscales favorecidos por grupos de presión que buscan el codicioso beneficio de unos pocos, poquísimos accionistas con la aquiescencia de políticos como Juncker, Cameron, Merkel, Rajoy, Renzi..., con la mayoría de diputados del Parlamento Europeo. Toda esta podredumbre solo es posible si las decisiones las toman personas mediocres, de principios espurios, sin atisbo de buscar el bien común y con el apoyo, fundamental, de unos medios de comunicación comprados hace años por los anunciantes capaces de manipular la realidad con sus maniqueas campañas. Solo hay que leer las editoriales de esos medios (no todos), para percatarse del miedo que les atenaza, de la burda manipulación a la que nos quieren someter sin la menor vergüenza, y de la que uno llega a sentir la ajena. Llevamos doscientos mil años sobre la tierra como especie y no se adivina el fin de la codicia y avaricia de los tontos. No hay límite a tanta estulticia y soberbia. 
No todo es mediocridad. Nos quedan las artes, la buena ciencia, la amistad, el amor y algunas ganas de que todo cambie, de ser mejores y salir de esta carrera de ratas en el laberinto en busca del premio al final del camino.


lunes, 2 de febrero de 2015

SOLOS

Qué solo estas, qué solo estás, en medio de tanta gente qué solo estás... Son palabras que forman parte de una canción de Hilario Camacho titulada Madrid amanece, y que gozó de cierta fama cuando éramos más jóvenes y el Mundo parecía un lugar más grande.
Me gusta el frío y el viento, la nieve y la lluvia, el crujir de las hojas bajo mis pies. La blanca escarcha en las heladas mañanas, y el suave rocío de la primavera con sus minúsculas gotas conteniendo apenas unos fotones de luz. Me gusta el estío y el abrumador peso del calor de las tardes veraniegas; su reposo húmedo y sudoroso que aguarda esa brizna de brisa fresca al caer la tarde. Y el mar con su salobre agua rompiendo contra mis hombros mientras nado y nos encontramos en desigual lucha. 
Me gustan las noches estrelladas, su oscuridad lejana y misteriosa; la enorme soledad que nos anticipa su visión, la pequeñez e insignificancia de nuestra existencia en la vastedad del Universo. Si, me gusta sentirme como un niño en las noches así, sin miedo, libre, dejándome envolver por el ulular de la lechuza y el canto del búho. Me gusta la calidez de tu cuerpo en esas noches, el tacto de tu piel y la blandura de tu vientre, su ternura y el deseo que brota en todo ello.
Y aún así, a pesar de tanta belleza, algo en mi se rompe por un instante, se nos rompe un pedazo de alma, la misma de la que carecemos y que nos recuerda, muy a pesar nuestro, lo finito de nuestra existencia, y, que morimos solos, aunque nos agarren con fuerza la mano y nos besen en los labios en el último momento.