jueves, 22 de enero de 2015

LOS SALVAJES



Pensaba en jugar un poco con las palabras antes de comenzar a escribir ésto que lees. Jugar con la concentración y seriedad que emplean los niños en sus juegos. Esa sublime imagen de cuellicortos embadurnados de barro en un día de verano, mientras se afanan en reconstruir el dique por el que se les escapa el agua. O con la maldad empleada en afilar la punta de la peonza para partir, en su turno de tirada, la de cualquiera de los otros que no tardarán en aprender la misma jugada. Así es como quería empezar el texto. 
Algunos de aquellos niños crecieron un poco salvajes, o talmente salvajes en algunos casos. No sé si emplear el pasado o el presente... Suelen crecer en contacto con la Naturaleza, corretear a sus anchas entre el sotobosque, y emplearse a fondo con la observación e imaginación. Están solos. Por primera vez se dan cuenta de que su hogar, donde les espera la comida, se encuentra a la distancia suficiente para que en el camino de vuelta les pueda suceder algo peligroso. Sienten miedo. ¿Y si se cayeran y no pudieran levantarse; les oirían si tuvieran que gritar; cuánto tardarían en salir a buscarles?, son algunas de las cuestiones que, veloz, se plantean sus mentes ávidas de conocimiento. Al instante recuperan el sentido de la realidad, viéndose y sintiéndose a sí mismos en pie, vivos, sólidos y enteros. Libres. Por éso, cuando miran el vuelo de las aves sobre sus cabezas sienten envidia de su punto de vista, de la perspectiva que posee el ojo del águila, de su agudeza; y sin cerrar los ojos vuelan por un largo instante con ellas y las comprenden con la serenidad del roce del viento en las alas. 
Esa libertad salvaje permanecerá con ellos el resto de su vida, y, ¡ay! del incauto que pretenda sosegar su ímpetu e ira, porque es el triunfo de la vida sobre la muerte lo que está en juego.


lunes, 19 de enero de 2015

EL MURAL DE LA VERDAD



Son muchas las diferencias entre realidad y ficción. La realidad la conforman el noventa y nueve por ciento de las personas; y la ficción el uno por ciento restante. ¿Hacemos una película?

jueves, 15 de enero de 2015

DÍAS DE VINO, BARCOS Y PUENTES



La idea de que el ser humano posee un alma y un corazón pensante se encuentra tan acendrada en la mente, que algunas personas se ofenden solo con leer el nombre del blog. Como recurso poético y literario hacer referencia al alma dormida o a un corazón herido hacen que le tiemblen las canillas a los más cursis, a los que tienen la sensibilidad a flor de piel y a los amantes del romanticismo mohoso.
El alma no existe, es una entelequia muy conveniente, por ejemplo para la teología. El corazón tan solo es un poderoso y complicado músculo en su diseño, una obra maestra de la Naturaleza. Imagina entonces como de extraordinaria debe ser la máquina que lo hace funcionar y que ocupa la parte superior en el cuerpo de los primates, o la parte delantera en el resto de las especies. No conozco ninguna especie con la cabeza en el culo, aunque si hay alguna con el segundo en la primera y no es ironía, sino ciencia y evolución.
Bueno, dejemos a los poetas y predicadores con sus almas y corazones en el Parnaso y volvamos al objeto de la entrada. 
A través de la ventana la mirada se pierde en la curva del río; un río limitado por el abrupto valle que lo encaja, pero es una aspereza engañosa. Sus laderas están trabajadas con mimo, en empinadas terrazas labradas con esfuerzo donde crecen las vides de las que salen las uvas con las que se elabora uno de los mejores vinos del mundo. Un largo valle de kilómetros de longitud, dominado a veces por la niebla, la humedad y el frío, pero calentado por el trabajo, la ambición y la codicia de unos hombres apegados a esas tierras y cepas que les dan la vida; y el tan necesario Sol. Los barcos anclados en sus pantalanes, a contracorriente, nos hablan de días de vino y rosas, tal vez con otros Lemmon y Remick o quizá solo turistas un tanto perdidos en los recovecos del río de sus vidas.
Los puentes nos recuerdan lo necesarios que son, sin metáforas.