domingo, 1 de febrero de 2015

LA DIFERENCIA QUE MARCA UN DÍA


Era un día como hoy, empezó frío y brumoso. Por algún rincón del cielo un rayo de sol penetró buscando un corazón que calentar, dejando un poso de ternura. Un deseo insatisfecho de amor. Una canción.


jueves, 29 de enero de 2015

LA RATONERA

La obra de Agatha Christie lleva el mismo título, pero en este caso se hace referencia al sencillo mecanismo provisto de un cebo para cazar roedores; si el cebo es mantequilla de cacahuete, mejor, así lo indican en cierta película de Holywood. En realidad da lo mismo, porque aquí el cebo son personas, y la trampa es de una sutileza que nada tiene que ver con la tensión de muelles y la mecánica aplastante. 
Las casualidades son algo poco común aunque parezca que suceden continuamente a nuestro alrededor y a nosotros mismos. Uno se puede encontrar casualmente con un conocido que hace mucho que no ve en la plaza de Callao, pero si al poco tiempo te lo encuentras en el Jardín Botánico ten por seguro que no es casualidad. Existen otro tipo de coincidencias improbables, las relacionadas con el amor son las más extrañas de ellas. Unas pocas veces en la vida, en muchos casos una sola vez, se consigue compartir todas esas cosas que no compartiríamos con nadie más: sueños, recuerdos, ideas, pensamientos, hasta los más oscuros, y un modo de ver y contemplar las cosas que transcurren ante nosotros, que complementa y amplia la visión que ya teníamos. No solo ocurre con el amor y las emociones y sentimientos asociados al mismo; también en el crimen y el delito hay entendimiento en el mal, y no me refiero solo a los planes que se hacen; sino a una comprensión mutua de la visión del otro, de su carácter, así como su aceptación, y claro, a la admiración. El proceso es similar al enamoramiento, aunque las consecuencias de ese emparejamiento son distantes y opuestas del objeto final de codicia. Codiciamos lo que vemos porque nos gusta, y cuanto más atraídos por el objeto nos sintamos más lo codiciaremos hasta que algo o alguien nos lo impida, o lo consigamos. 
Hay personas que ponen trampas para ratones y cazar personas, a veces tienen suerte y cazan alguna, por casualidad. Otras, son una ratonera en si mismas, nada de lo que hacen es por casualidad, todo obedece a un plan, consciente las más de las veces, instintivo otras, incluso pueden mezclarse la consciencia y lo instintivo. Cuando tu vida se cruza con la de una de esas personas más te vale saber el lugar que ocupas en la pirámide alimenticia, porque lo más probable es que te devore sin que lo veas venir, sin advertir el peligro. Son cazadores de almas y corazones, o por mejor decir: cazan las mentes que los guardan.
Si, son unos monstruos hermosos, si eso fuese posible, empero también son cazados.

domingo, 25 de enero de 2015

CAFÉ CON TOSTADAS Y ZUMO DE NARANJA CON MIEL

Son algo más de las nueve de la mañana, levanto la persiana y dejo que la luz del Sol de invierno contraiga mis pupilas mientras veo la plaza y los falsos plátanos con aspecto de no haber pasado un invierno duro en su vida. Las ruedas de un coche  hacen ¡clak clak! sobre la tapa de una alcantarilla y vuelvo a la cama. Me tumbo boca arriba apoyando los pies y piernas sobre la pared, medio metro por encima de mi cabeza. Activo el wifi del teléfono móvil y espero mientras me observo los músculos, el vello, la piel; giro los tobillos hacia derecha e izquierda y oigo un ¡clac! en el siniestro. Y ahí está, dando los buenos días como una criatura somnolienta, algo felina, que se despereza elásticamente sin poder evitar desgarrar, un poco, las sábanas con las uñas. Es domingo.

Tiene el domingo un encanto especial, un tisquiribis de ¡será un día maravilloso! Una inocencia perdida. El perdón de una hostia consagrada en misa de una. Las cañas. La mañana arrastrando el culo mitad del tiempo en el trineo, mitad en la nieve, con la sonrisa propia del que queda deslumbrado por la terrible blancura, sin saber que es terrible. Las cosas son distintas, las que se hacen y las que se pergeñan. Hay una cierta maldad en esas cosas que se oculta bajo una apariencia de respetabilidad algo desdeñosa. El frío viento en la cara al bajar el puerto sintiendo la velocidad, el peligro. Y el vivificante control sobre la vida de uno mismo.

Aún no he acabado. Tiene el domingo una premura de lunes y un pasado a sábado y viernes de resaca. Lleva, sobre sus espaldas, la responsabilidad del último día de la semana en un déjà vu infinito, lineal en el tiempo y constante como la velocidad de la luz que no sabe que se acerca al horizonte de sucesos. 

Pero me hubiera gustado disfrutar de esas tostadas con café y zumo sobre la cama, ¿hubiera sido diferente el día?